2 de agosto de 2013

Los riesgos de ser práctico

La moralidad sólo es una convención social que todos parecen aplicar a sus vidas. Se supone que diferencia lo bueno, lo mejor, lo que debe hacerse para que en general seamos felices. Pasar por alto una ley moral te hace sentir como un chucho en medio de pastores alemanes de raza. Aunque a saber cuántos pagaron al que les hizo el pedigrí. En realidad nunca he sabido colocar bien la frontera entre lo bueno y lo que ya no lo es. Se supone que amar en general está bien, pero cuando amas a la vez a “demasiados” o a “demasiadas” ya no se ve tan bien la cosa. Y con el “no robar”, ¿robar a un ladrón sí que es bueno? ¿Y asesinar al asesino? Al final, como la mayoría de las invenciones humanas, cada uno tiene una opinión sobre la moral, pero la discusión sobre ella hace que parezca un ente único y superior a nuestras diferencias personales. Como si fuese una Constitución no escrita que nos hace mejores personas y nos salva de la exclusión. Porque como te salgas de lo que dicta, te espera una lenta quemada en la hoguera de las habladurías. Y yo que pensaba que estas normas ayudaban en vez de condenar. Bueno... En realidad ayudan a condenar. A lo mejor inventaron la moralidad por eso. Porque es más cómodo no pensar por uno mismo qué es lo bueno y qué lo malo.

23 de enero de 2013

¿Y tú qué vas a ser de mayor?

Yo me había pintado la humanidad en un cuadro enorme, pero no encuentro ni la mitad de la imagen en el día a día. Supongo que hay etapas en las que la idiotez general tiene que sobreponerse a todo, y encima son las mayoritarias. Y para los defensores de “el mundo tiene que ser lo que es ahora” yo seré la idiota, es lo que tiene. La cuestión es que la mayoría de mis ideales están siendo pataleados hasta su inconsciencia, lo que hace bastante difícil seguir con ellos sin deprimirse aunque sea un poco. Es como tener un novio que amas con locura pero al que tu madre detesta, de manera que ella te está dando la murga continuamente para que le dejes. Pues cuando tu madre (la sociedad) no está presente, estás divinamente con tu amorcito (tu ideal) en tu piso. Pero ya sabemos que “las madres” son omniscientes y omnipresentes, así que nunca llegan a no estar del todo, y como las contradigas, ya sabes la que te espera. Así que o bien pasas de lo que te dicte la sociedad, con todas las consecuencias que ello acarrea, o sigues al rebaño como buena oveja y tienes la vida solucionada y feliz. A mí me ha tocado salir negra, y no hay tinte que valga. Y lo único que me queda para sopesarlo, es dedicarme a encauzar o entretener a otras ovejas descarriadas.

7 de agosto de 2012

Las drogas son buenas

Ya sé que en un principio todos me diríais lo contrario: que te enganchan, que te matan, que son malas. Pero no existirían si nadie quisiese seguir comprobando sus efectos. La verdad es que siempre he pensado que la gente que se droga puede tener dos principales motivos: o son verdaderamente inteligentes, o sumamente estúpidos. Verdaderamente inteligentes porque sienten la desgracia y la infelicidad en tal profundidad que les hace no querer seguir viviendo en este mundo tal y como está definido, por lo que deciden morir disfrutando de los pocos placeres que ofrece. Sumamente estúpidos porque llegue algún colega, les diga que prueben "eso de lo que seguro que nunca han oído hablar en las charlas del colegio", y ellos acepten sólo por no ser expulsados de la maravillosa manada que han encontrado. Las personas actuamos así a diario sólo por querer sentirnos tan humanos como el resto. Simplemente, al decir que las drogas son buenas me refiero a que son sinceras. Son de las pocas cosas que van con la verdad por delante: "Que sepas que te voy a matar". Hay parejas que llevan veinte años casados y aún ni lo sospechan de su compañero o compañera de cama. Aunque quizá sea mejor engañarse de esa manera y pensar que el mundo es un lugar perfecto en el que nunca existirá ni un remoto motivo por el que querer irse un poco antes.

9 de julio de 2012

Ego interruptus

Cada uno está acostumbrado a su propia forma de ser. No es ningún descubrimiento. En cierto modo, nos vuelve de alguna manera algo intolerantes con el resto. “¿Pero qué coño se le ha pasado por la cabeza?”, “No sé cómo puede ser así”. Lo primero que pensamos ante algo que no encuadramos, que nos molesta sin pararnos a pensar en el porqué, siempre va a ser algo negativo. ¿Pero cómo van a pensar lo mismo de nosotros? Eso no puede ser, ni de coña. Somos perfección pura y dura hasta que nos demuestren lo contrario. Creo que cómo nos comportemos en ese momento define una parte muy importante de nuestra personalidad: autocrítica versus orgullo anti balas. Qué pena que exista lo segundo: es una fuente sustancial de error humano. Hacer lo que nos de la gana porque seguro que va a ser lo mejor, porque ¿cómo nos podríamos equivocar? “Porque yo sufrí mucho de pequeño y tú que me vas a contar de la vida, niño”. Y así llegó el genocidio de una población, porque alguno habría al que no se le podía replicar nada. Y así hemos llegado a esta situación, porque el primer corrupto consideraba que hacía lo mejor para él y su familia. Y el resto no importa, sólo el yo y el orgullo. Pero lo siento, queridos. Hay muchas clases de bala en el mercado negro y gente a la que no le importa usarlas.